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Sexo, Género, Identidad… la Sustitución Silenciosa Que Está Redefiniendo Tu Realidad

by Jhenny Antiques marzo 13, 2026

Todo comenzó con un mail.

Hace unos días recibí una invitación para aportar mi visión sobre la llamada “nueva masculinidad”.  Y lo que empezó como una reflexión para ver cómo aportar valor con mi punto de vista, terminó llevándome mucho más profundo de lo que esperaba.

Algo me empujó a querer, antes que nada, profundizar sobre diferentes aspectos.

Quise entender, ir más allá de las palabras que todos repiten, pero, tal vez, pocos entienden de verdad el impacto real, el trasfondo de todo lo que implica: la estructura misma desde la que una sociedad decide qué es real, qué es interpretable y qué queda prohibido cuestionar.

Te lo digo bien claro desde el principio, no es la verdad absoluta, pero tampoco la voy a disfrazar de neutralidad. Tengo una posición clara y la comparto contigo. Lo que vengo a compartir aquí es mi visión. Mi forma de ordenar la información. Mi manera de mirar esta reflexión concreta con los ojos bien abiertos y la honestidad por delante.

Dicho esto…

Es un hecho que vivimos tiempos de cambio de paradigma y creo de verdad que hay cosas que necesitan redefinirse… de hecho, ya se están haciendo, pero ¿de la forma correcta? –  aunque podemos entrar en debate de “¿Y qué es lo correcto?” … más adelante pongo más contexto en torno a esto, y podrás sacar tus propias conclusiones.

Antes de entrar en terreno profundo vamos a partir de una base. Porque si no partimos del mismo punto, todo lo que viene después se convierte en un debate de interpretaciones donde nadie se entiende.

Y es que, lo que se está fragmentando es LA IDENTIDAD del ser humano (un pilar importante, sino el que más), ¿cómo está sucediendo esto?, Te lo explico, vamos por partes y por puntos.


El Cóctel de Tres Ingredientes: Realidad Objetiva, Constructo y Dogma.

La realidad objetiva:

Es aquello que EXISTE independientemente de lo que pienses, sientas, creas o decidas.

Es decir, no necesita tu aprobación para ser real. No cambia porque te incomode, ni se somete a votación. Simplemente ES.

Un ejemplo es la gravedad.

No importa tu cultura, tu ideología, tu época ni tu estado emocional. Si sueltas un objeto, cae. Caía antes de que Newton lo explicara. Caía antes de que existiera la palabra “gravedad”. Y va a seguir cayendo, aunque medio planeta decida indignarse. Eso es realidad objetiva.

Ahora bien,

Un constructo:

Es una idea creada por el ser humano para organizar, interpretar o darle sentido y significado a la realidad.

Un constructo puede ser útil. De hecho, muchas veces lo es. Pero sigue siendo una creación humana, así que puede cambiar, cuestionarse, revisarse o estar equivocada.

Del mismo ejemplo, el sistema métrico.

La gravedad hace que el objeto caiga, eso es real, un hecho. Pero que midamos esa caída en metros, en pies o en codos egipcios… eso lo inventamos nosotros. Es un acuerdo. Una convención.

Si mañana el mundo decide cambiar la unidad de medida, la gravedad seguirá exactamente igual. Lo que cambia es la forma en que decidimos describirla, medirla, no la realidad en sí.

Y aquí viene el tercero, que para mí es el más delicado.

Dogma:

Lo que alguien decidió que es y que, además, te prohíbe cuestionar. El dogma no te dice “esto es verdad, compruébalo”. Te dice: “esto es verdad, y si lo cuestionas, hay consecuencias”.

Esas consecuencias pueden ser, por ejemplo:

  • Castigo social → “te cancelamos”.
  • Castigo emocional → “eres mala persona si dudas”.
  • Castigo existencial → “arderás en el infierno”.
  • Castigo institucional → “pierdes tu trabajo”.

Y en algún punto de la sociedad actual están sustituyendo directamente la Realidad Objetiva por el Dogma.

¿Te habías dado cuenta o todavía no?


No sé tú, pero yo desde hace tiempo tengo esa sensación. Llámala intuición, percepción, incomodidad silenciosa… como quieras. Esa sensación de que algo no va bien. De que esto que estamos viviendo, en el fondo, no debería ser así.

Es como un “sí, pero no así” que no terminas de explicar con palabras, pero que llevas dentro como una piedra en el zapato que no puedes ignorar.

Y creo que no soy la única.

Creo que nos estamos perdiendo como sociedad. Y creo que, en el fondo, tú también lo sientes.

Y entonces, ¿qué tiene que ver la fragmentación de LA IDENTIDAD con el triple cóctel tóxico?

Precisamente por lo que decía antes: cuando confundes una realidad objetiva con un constructo, o un constructo con un dogma, empiezas a vivir en un mundo donde lo interpretable se vende como hecho y lo discutible se vuelve intocable. Ahí es donde todo se distorsiona. Y ahí es, precisamente, donde creo que estamos hoy en día.

Una cosa es respetar la experiencia subjetiva de cada ser humano. Otra muy distinta es elevar cada experiencia subjetiva a categoría ontológica (te lo explico más adelante).

El problema no es que exista un constructo. Los constructos son legítimos y hasta necesarios.

El problema es cuando ese constructo se blinda. Cuando deja de aceptar preguntas, cuando cuestionarlo te convierte en agresor, cuando se institucionaliza, se legisla y se impone como verdad absoluta sin permitir réplica.

En ese momento exacto, el constructo se convierte en dogma.

¿Y cómo se está permitiendo todo este sinsentido?

Por la NARRATIVA -> La sustitución silenciosa.

Eso ya no es ciencia. Ya no es herramienta. Ni siquiera es Libertad. Es dogma puro. Y los dogmas no evolucionan. Se imponen hasta que alguien tiene el coraje de señalar que el emperador está desnudo.

Entonces, uno de los mayores problemas de la conversación actual es que se ha mezclado todo: sexo, género, orientación, expresión, identidad… todo lanzado a la misma batidora. Sin orden, sin criterio, sin intención real de que se entienda.

Y de esa mezcla sale un puré que casi nadie comprende de verdad, pero que todos repiten con una seguridad aplastante.

Y cuando mezclas todo en un mismo discurso sin tomarte la molestia de definir cada cosa por separado, no estás incluyendo. No estás avanzando. No estás liberando a nadie. Estás confundiendo.

En el fondo, lo que se está fragmentando no es solo un concepto suelto. Lo que se está fragmentando, desintegrando, es LA IDENTIDAD del ser humano.

Y eso no es poca cosa. No es un detalle menor o simplemente algo teórico.

Desde los fundamentos neurocientíficos, la psicología del desarrollo, la filosofía y la experiencia humana más básica, el ser humano necesita una identidad mínimamente COHERENTE para orientarse, tomar decisiones, crecer, definir sus Valores, sentir pertenencia y estar en el mundo sin romperse por dentro… VIVIR CON SENTIDO.

Identidad, Género, Orientación… ¿qué soy? ¿quién soy?

Voy a ordenarlo de una manera sencilla porque creo que así se ve mejor.

Y aquí voy a simplificar con una distinción que elijo yo personalmente, porque la considero funcional para entender las capas del SER como un todo… y para tener unas bases de las que partir, ya que no existe una definición única, cerrada y universalmente aceptada de “identidad”. Lo que existe es un territorio enorme donde múltiples disciplinas han aportado su mirada.

Identidad ontológica – ¿Qué soy?

Es la pregunta base, la que lo fundamenta todo. Ontología es el estudio del ser. Aquí no hablo todavía de gustos, roles o relatos personales, sino de la base sobre la que todo lo demás se construye.

Aquí la pregunta no es quién soy sino qué soy en esencia. ¿Soy un cuerpo?, ¿Soy una mente?, ¿Soy un alma teniendo una experiencia humana?, ¿Soy un ser espiritual?, ¿Soy un animal racional?, ¿Soy un unicornio?.

Si me equivoco aquí, todo lo que construya encima estará “distorsionado”.

Identidad del Ser – ¿Quién soy en mi totalidad?

Aquí ya entro en la experiencia integral de ser yo: mi cuerpo, mi historia, mis valores, mi carácter, mis relaciones, mi manera de estar en el mundo. Esa continuidad interna que hace que yo sepa que sigo siendo yo cuando me despierto cada mañana.

Es la identidad vivida, construida, integrada a lo largo de la experiencia humana.

Identidad de género – ¿Cómo me percibo en relación con el eje masculino-femenino?

Es una dimensión parcial de la identidad. Una. No la totalidad. Si la identidad fuera una casa entera, la identidad de género sería una habitación. Importante, sí. Pero sigue siendo una habitación, no la casa, y mucho menos la ciudad entera.

El problema es que hoy se ha invertido la pirámide: se toma una parte y se la presenta como el todo. Se coge una habitación y se la convierte en la casa completa. Y después se pretende reorganizar la ciudad desde ahí.

Y no, esto no es una exageración mía. Erik Erikson (Las 8 etapas del desarrollo psicosocial) identificó que la formación de la identidad es LA TAREA central del desarrollo humano, especialmente en la adolescencia.

Erikson situó en la adolescencia la crisis de identidad vs. confusión de roles como una tarea central para el desarrollo de la siguiente generación de adultos. Si esa identidad no se consolida, aparece la desorientación:

  • No saber quién eres.
  • No saber qué quieres.
  • No saber dónde perteneces.
  • Quedar especialmente vulnerable a que otros te definan desde fuera.

¿Te suena familiar? A mí sí.

Esta crisis de identidad (muy relacionado con el sentido de vida) ya no es solo cosa de adolescentes, también está presente en los jóvenes (18-29) y adultos (30-39).

Ordenando el proceso de construcción identitaria de forma coherente, la secuencia sería esta:

1º  IDENTIDAD ONTOLÓGICA → ¿Qué soy?

Soy un ser humano. Soy un ser espiritual…

Filosofía (Ontología, Metafísica — desde Aristóteles hasta Heidegger).

2º  IDENTIDAD DEL SER → ¿Quién soy?

   Soy esta persona con este cuerpo, esta historia, estos valores, este propósito…

Psicología del desarrollo, psicología humanista, etc (Erikson, Maslow, Rogers, etc).

3º  IDENTIDADES PARCIALES → ¿Cómo me expreso en distintas dimensiones?

Género, sexualidad, profesión, cultura, religión, roles…

Cada identidad parcial tiene su campo de estudio legítimo: Sexología clínica, teoría social, Psicología vocacional, antropología, psicología transpersonal, Sociología digital, etc.

El problema es cuando cualquiera de estas IDENTIDADES PARCIALES se eleva (y sustituye) a la identidad total y reemplaza las capas fundacionales.

¿Cómo se llegó hasta aquí? – Historia, lenguaje y mezcla de dimensiones.

Si antes hablábamos de las capas profundas de la identidad, ahora toca mirar qué ha pasado dentro de esa capa parcial de género y sexualidad para que hoy todo aparezca mezclado y sin jerarquía.

Breve línea temporal:

1955 – John Money. Introduce en el ámbito clínico la distinción entre sexo biológico y “rol de género”. Y aquí hay un detalle importante: su caso más famoso, el de David Reimer, se presentó durante años como un éxito. Luego se supo que Reimer rechazó esa crianza, arrastró un trauma brutal y el caso terminó en tragedia. Cuando uno de los casos bandera de una teoría se cae así, como mínimo toca revisar la teoría con seriedad.

1964-1968 – Robert Stoller. Formaliza el término “identidad de género” en un contexto clínico ligado al transexualismo. Esto importa mucho: no estaba describiendo una base universal para toda la población, sino trabajando con un marco clínico concreto.

1990 en adelante – Judith Butler. Lleva todo esto al terreno filosófico y político con la idea de la performatividad: el género no sería algo que eres, sino algo que haces. Y aquí se da un salto clave, porque ya no hablamos de un planteamiento clínico, sino de una tesis teórica que entra de lleno en la cultura.

Entonces, cuando hoy se habla de género en el discurso público, muchas veces se está hablando de algo que pertenece al orden de lo construido: cultura, narrativa, interpretación, marco mental.

Y quiero insistir en esto porque es importante:

Que algo sea construido no lo vuelve automáticamente ilegítimo. El problema no es el constructo en sí. El problema es qué hacemos con él.

Si el género es un constructo, entonces sí, en teoría puede haber tantos géneros como mentes existan. Vale. Eso, por sí solo, no es el centro del problema. El problema empieza cuando esa multiplicidad subjetiva se presenta como si fuera realidad objetiva o se protege como si fuera dogma.

Y para no seguir metiéndolo todo en la misma batidora, aquí conviene separar al menos cuatro cosas, digo, por puntualizar y tenerlo claro:

  • Sexo biológico:  Es lo dado, la naturaleza misma, los hechos, la realidad objetiva. Hombre o mujer. Determinado por cromosomas, gónadas, hormonas, anatomía. Es binario, con variaciones intersexuales estadísticamente infrecuentes. No se trata de una opinión, son hechos.
  • Identidad de género: Es lo sentido (experiencial). Cómo te percibes internamente. Es un constructo psicológico y social (desde 1955, como comenté). Aquí entran: no binario, género fluido, agénero, etc.
  • Orientación sexual: Es hacia quién te atraes. Heterosexual, homosexual, bisexual, asexual… Se refiere a la atracción erótica y afectiva. No es lo mismo que identidad de género. Son capas distintas.
  • Expresión de género: Es lo que muestras. Cómo te vistes, peinas, te comportas, te presentas al mundo. Es lo más cultural y cambiante de todo. Un escocés usa falda, un samurái se maquillaba, un tacón alto fue inventado para hombres. La expresión cambia con la época y la cultura.

Cuatro cosas distintas. Cuatro.

Puede ser que algunas veces coincidan en que estén alineadas a lo que se puede definir como “la norma estadística” -> Nací mujer, me siento mujer, me expreso como mujer y me gustan los hombres (Cisgénero – heterosexual, en terminología actual). Pero son cosas diferentes.

La cuestión es que se las ha metido a todas en una sola conversación como si fueran equivalentes. Y desde ahí se confunde orientación con identidad, expresión con biología, respeto a la persona con obligación de validar cualquier narrativa como si fuera verdad objetiva.

Por eso importan tanto los ejemplos concretos. Cuando “madre” se sustituye por “persona gestante”, cuando “sexo” pasa a hablarse como “sexo asignado al nacer” incluso en contextos donde no estamos ante una ambigüedad clínica sino ante el reconocimiento y registro de una realidad biológica, cuando “mujer” se convierte en una palabra imposible de definir sin conflicto, o cuando hombres biológicos compiten contra mujeres en pruebas deportivas, y viceversa… no se están cambiando solo palabras.

Se está cambiando la percepción de la realidad a través del lenguaje. Y el lenguaje nunca es inocente cuando redefine el marco desde el que piensas.

Esto nos introduce al siguiente punto:


EL MECANISMO: Sustitución Silenciosa y Control Narrativo.

La conversación dejó de ser conversación hace tiempo. Lo que hoy tenemos es una NARRATIVA.

Una narrativa emocional, politizada y blindada, donde disentir ya no se percibe como un desacuerdo, sino como una agresión.

Eso es la sustitución silenciosa.

Primero se mezcla todo en la batidora. Luego te sirven el puré ya hecho. Y después te castigan si te da por separar los ingredientes.

Volvamos al ejemplo de la norma estadística del “cisgénero heterosexual”.

La palabra “norma” se ha convertido en sospechosa. Como si decir que algo es normal fuera un ataque a lo que no lo es. Pero norma tiene dos significados muy distintos:

Norma estadística:

Se define como lo que ocurre en la mayoría de los casos. Eso implica que es DESCRIPTIVO. No dice que lo demás sea malo, solo dice que es menos frecuente.

Norma moral:

Se define como “lo que debería ser”. En este caso implica que es PRESCRIPTIVO, aquí si se juzga.

Entonces, haciendo uso de la “batidora”:

  • Se le puso etiqueta → “cisgénero heterosexual”.
  • Se le asoció un “privilegio” → “privilegio cis-hetero”.
  • Se le asignó culpa implícita → “eres la norma opresora”.
  • Se le pidió que se justifique → “revisa tus privilegios”.

Es la primera vez en la historia de la humanidad en la que la mayoría estadística tiene que pedir disculpas por existir tal como es.

NOTA IMPORTANTE:

Hay que reconocer, y en eso hay que ser consciente y sensato, que muchos movimientos y causas sociales se originaron por un fundamento real, genuino. Incluso hay personas que de verdad están comprometidas con la esencia de la causa y mantienen una posición crítica y objetiva. Eso merece respeto.

Pero, lo que empezó como un grito legítimo de justicia, en algún punto del camino, se convirtió en otra cosa. Se desvirtuó.

Algo/alguien que tomó constructos —el género como espectro infinito, la identidad como autodefinición absoluta, el lenguaje como forma de violencia— y los presentó como verdades incuestionables. Los blindó. Los protegió con muros de corrección política. Y convirtió el simple acto de preguntar “¿esto es realmente así?” en un acto de agresión.

Creo, sin temor a equivocarme que, estamos ante un dogma.

Así que, no vengo a negar que estos movimientos tienen una raíz real y hay que luchar contra las injusticias.

Vengo a señalar, con todo el respeto, que hay que REVISAR lo que se está intentando consolidar como el nuevo paradigma o la nueva sociedad, el nuevo mundo o la nueva normalidad. Y que hoy, buena parte de lo que se nos presenta como “evolución social” no es más que una ideología disfrazada de derecho, un constructo vestido de verdad absoluta, una agenda envuelta en el lenguaje de la justicia para que nadie se atreva a cuestionarla.

¿Significa esto que todo es manipulación y no hay nada genuino?

No, solo señalo que se está usando la realidad objetiva (problemas reales) como excusa para imponer constructos.

Cuando mezclas realidad objetiva, constructo y dogma en el mismo cóctel, lo que sale es una desestabilización profunda: lo real se relativiza, lo construido se absolutiza y lo incuestionable empieza a ocupar el lugar de la verdad.

Si la narrativa dominante está desanclada de la realidad objetiva, la sociedad entera se desancla.

El ser humano es libre de explorar, sentir y expresarse. Eso es innegable. Pero una libertad desvinculada de la realidad objetiva no desemboca en plenitud: desemboca en caos.

La pregunta universal sigue viva ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi naturaleza?

Esa pregunta no se puede matar. Es constitutiva del ser humano, forma parte de su naturaleza. Surge sola, y en la adolescencia con más fuerza, pero realmente nunca deja de operar.

Incluso quien nunca la formula conscientemente, vive respondiendo a ella todo el tiempo con sus decisiones, sus miedos, sus apegos.

La pregunta está siempre ahí. Bien.

Lo que se controla es el espacio de respuestas, y esas respuestas tienen SU PROPIA NARRATIVA.

Y aquí es donde quiero cerrar.

Lo que cuestiono es el método... el sistema.

Porque a gran escala no puedes hacer una demolición de las estructuras que sostienen una civilización y esperar que lo nuevo se sostenga solo.

Es un riesgo bastante grande que deja de ser “evolución”, para convertirse en una “destrucción con buenas intenciones” y resultados catastróficos.

La renovación real es más lenta, más incómoda y menos vistosa, pero no arrasa con todo mientras todavía hay gente viviendo dentro.


Respetar a toda persona es innegociable. Pero respetar a alguien nunca debería exigir que anulemos nuestra propia voz y libertad para no incomodarlo. NO sigamos normalizando el sinsentido.

ANTES de comprar cualquier narrativa porque suene compasiva, empática, moderna o inclusiva, conviene parar un momento y recordar, como mínimo, estos tres puntos:

  1. Necesitamos volver a distinguir entre realidad objetiva, constructo y dogma.
  2. Que una identidad parcial no puede ocupar el lugar de la identidad total.
  3. Y la tercera, que toca recuperar el pensamiento crítico, recuperar la voz y volver a nombrar las cosas sin miedo cuando el lenguaje empieza a usarse para borrar la realidad en lugar de describirla.

“Quizás no podamos cambiar la narrativa de la noche a la mañana. Pero podemos empezar por algo muy sencillo: dejar de fingir que no la vemos.” – J.

No sé si esto cambiará algo. Pero sé que callar no ha cambiado nada.

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